ADICCIÓN AL TRABAJO ¿Promoverla o desalentarla?

Gustavo Bitar | Publicado el 22 de noviembre de 2020
Autor: Gustavo Bitar

5 minutos de lectura

En la década de los 80 la adicción al trabajo era vista como una virtud.
La figura los yuppies se imponía como el modelo ha seguir: jóvenes profesionales, exitosos, dispuestos a sacrificarlo todo en pos de una carrera profesional con un ascenso vertiginoso. ¿Cuestión de moda? ¿Debiera continuar? ¿Qué opinas?



En el post anterior, “¿Tu trabajo te enferma?”, centré mi mirada sobre los efectos que genera el lidiar con múltiples cuellos de botella. Conté que en esos entornos la sensación es la de estar apagando incendios permanentemente, frente a lo cual las personas que allí trabajan se agotan y terminan manifestando el Síndrome de Trabajador Quemado o Burnout. Argumenté porqué el Burnout y Compromiso Laboral son dos caras de una misma moneda.

En este artículo el Compromiso Laboral regresa a la escena, pero desde una arista diferente. Antes de entrar de lleno a este tema, permíteme hacerte una pregunta:


¿Quisieras que tus colaboradores fuesen
adictos al trabajo?



Tómate unos segundos antes de seguir leyendo y reflexiona sobre ello…


Al momento de escribir este post no tengo forma de conocer cuál está siendo tu respuesta, pero permíteme contarte que cuando me enfrenté a esta pregunta por primera vez, mi contestación fue positiva: “obvio, sería lo mejor que podría sucederle a la empresa”.

Sin embargo, a poco de profundizar en la temática fui encontrando publicaciones científicas que muestran el lado sombrío de la adicción al trabajo. Permíteme compartirlas contigo.

El adicto al trabajo o workaholic es una persona que genera un gran despliegue de energía, trabaja gran cantidad de horas con un impulso casi irrefrenable. En ese afán por trabajar descuida su tiempo para el descanso y la recreación. Lo mismo sucede con la armonización entre trabajo y familia. Para sostener esa entrega de energía, recurre a bebidas estimulantes, como el mate y el café. También lo hace con los medicamentos que acallan los síntomas de fatiga.

Como el cuerpo está sobre estimulado, durante las noches se presentan dificultades con el sueño y no resulta reparador. Ello lo lleva a acudir a psicofármacos, entrando en un espiral donde la frecuencia y las dosis utilizadas van en aumento. Entre las manifestaciones negativas se encuentra estrés, enfermedades psicosomáticas, agotamiento físico, síndrome de trabajador quemado y mayor propensión a problemas cardiovasculares. Las publicaciones científicas dan cuenta, además, que la tasa de personas con problemas de alcoholismo y consumo de drogas es mayor entre los workaholics.


Fuente: https://www.pritikin.com/weight-loss-workaholic


Karoshi (過労死 karōshi)
Es el término usado en japonés para describir la muerte por exceso de trabajo.



Las relaciones sufren deterioro, tanto a nivel laboral, como con su familia.

Paradójicamente, ese sobreesfuerzo laboral se traduce en menor nivel de desempeño.

Hoy en día, la adicción al trabajo es considerada como un aspecto negativo, que, lejos de ser deseado y fomentado, debe ser corregido.




Compromiso laboral y adicción al trabajo

Llegado a este punto puede que te invada una contradicción con lo que acabo de presentar. ¿Acaso es malo contar con colaboradores comprometidos con su trabajo?

Tres son las características centrales que hacen al trabajador comprometido o engaged.
Una de ella es el vigor, es una persona que despliega alto nivel de energía de modo sostenido.  La siguiente es la absorción, lo cual hace que el trabajador esté plenamente compenetrado en lo que hace con la sensación de que el tiempo vuela. La tercera característica es la dedicación, la persona le encuentra sentido y significado a lo que hace, se siente motivo intrínsicamente y el trabajo genera placer.   En la dedicación es donde aparecen diferencias sustanciales entre una persona comprometida y un adicto al trabajo. Para este último el disfrute no es algo que se presente de modo importante, sino la auto imposición de entregarse al trabajo. La entrega no solo es física sino también mental, lo cual lo lleva a permanecer conectado con el trabajo por más que esté fuera del contexto familiar. No hacerlo, lo llena de culpa. El sentimiento de valía se construye a partir del trabajo. Cuando las circunstancias son adversas y los logros se desmoronan se genera un profundo vacío que puede desembocar en depresión.



Choque de generaciones

Entre otros aspectos, esta distinción entre los trabajadores comprometidos y aquellos adictos al trabajo puede ser útil para comprender una de las causas que generan conflictos entre quienes ocupan posiciones de poder y los que se han incorporado más recientemente al mercado laboral.

Dejando de lado el mundo de las empresas tecnológicas, en los sectores tradicionales es común encontrar que personas pertenecientes a la generación de los baby bommers, nacidos entre 1946 y 1965, ocupen posiciones de poder. Del mismo modo ocurre con quienes pertenecen a la generación X (1965 a 1980). El retrato de yuppie, joven profesional que busca el éxito profesional en el corto plazo, tal vez sea un ícono de la generación X. Ambas comparten ciertos mandatos, como “lo que no cuesta, no vale”, “el trabajo está primero”, entre otros.

En la generación Y, también llamados Millennials (1981 a 2000), la absorción no es precisamente algo que los caracterice, son multitarea. Tampoco están dispuestos a dejar la vida en el trabajo, lo cual no implica que carezcan de compromiso, pero lo viven de modo diferente. Algo semejante sucede con la generación Z, nacidos desde 2001 quienes asumen a la conectividad como algo natural y muestran pautas de seguir su vocación.  



A modo de cierre

Hemos visto que la búsqueda de trabajadores adictos al trabajo, la sobre exigencia a la fuerza laboral y el diseño de incentivos económicos distan de ser el mejor modo de elevar el desempeño de modo sostenible.  Que la incorporación de las nuevas generaciones al mundo del trabajo representa un reto y pone en jaque la figura del jefe, siendo cada vez más necesario que cobren protagonismo los líderes que contribuyan a generar sentimientos de propósito compartido.

¿Compartes la mirada? ¿Cómo te sientes frente a estos desafíos?


En caso que necesites conversar sobre el tema, envíame un mensaje y coordinamos un encuentro.

Si este texto fue de tu agrado, hazme el favor de compartirlo en tus redes.

¡Gracias por acompañarme!

Te mando un abrazo,

Gustavo

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