¿TU TRABAJO TE ENFERMA?

Gustavo Bitar | Publicado el 27 de octubre de 2020

8 minutos de lectura

Autor: Gustavo Bitar

A lo largo de mis 25 años de trayectoria profesional, cuando hablo con el dueño de una pyme, una y otra vez encuentro que manifiestan un problema recurrente: “la falta de compromiso del personal”.

¿Sucede en tu organización? Si se presenta, ¿cuánto afecta en el desempeño de la misma y cuánto condiciona a tu propia agenda de trabajo? Más importante aún, ¿qué resultados podrías alcanzar si tus colaboradores estuviesen plenamente comprometidos?

Hoy en día la situación económica a raíz de Covid 19 y particularmente en Argentina, ha llevado a que se interprete que esa falta de compromiso está directamente asociada al poder adquisitivo del salario. No niego que eso influya. Cuando el trabajador percibe un ingreso que no cubre sus necesidades básicas, cuándo no tiene un trabajo registrado o cuando teme por su futuro laboral, es más difícil encontrar compromiso.

Fuente: http://www.fmpalihue.com/

Sin embargo, incluso en épocas de crecimiento económico y buen poder adquisitivo del salario, los dueños de pymes manifiestan su malestar por la falta de compromiso. En esos momentos frases similares a esta se repiten una y otra vez: “están en blanco, cobran religiosamente el primer día de cada mes, les pago un premio por productividad y no obstante ello, no hay forma de que se comprometan”. 

Esta no es una situación que sea exclusiva de países en vías de desarrollo. En el año 2013 la Consultora Gallup publicó un informe sobre trabajadores estadounidenses en que daba cuenta que solo el 30% se hallaba comprometido. El 52% no lo estaba y lo que es más impactante, el 18% tenía una manifiesta emocionalidad negativa hacia su trabajo.

¡Estos datos son contundentes! Ameritan tomar acciones para resolverlo. Quedarnos en la queja culpando a los trabajadores por su falta de compromiso tan sólo es una muestra de nuestra propia incapacidad de llevar a la organización a un nivel de desempeño superior.

El primer paso, entonces, consiste en asumir el rol de protagonistas comprendiendo por qué se genera tal situación. Difícilmente podremos gestionar lo que no comprendemos. Presionarlos para obtener su compromiso ha demostrado no ser una estrategia efectiva y revela un diagnóstico equivocado.

¿Entonces cuál es la causa?

Seguramente has escuchado hablar del síndrome de burnout, anglicismo que significa que la persona se ha quemado en su trabajo, tal como una vela que luego de brillar y entregar su energía, finalmente se agota y se apaga. Un proceso semejante ocurre en el trabajo. El burnout es una manifestación de índole psicológica que ocurre en el contexto laboral.

Cuando el estrés se mantiene en el tiempo y la persona no cuenta con los recursos personales y laborales para afrontarlo, cuando los períodos de recuperación no son adecuados, se pasa de la fase de resistencia a la de agotamiento.  Se produce abatimiento emocional, mental y físico, frente a lo cual, como mecanismo de defensa la persona toma distancia de aquello que lo desgasta.

En el caso de los profesionales de la enfermería y los docentes, primeras profesiones en las que se estudió, la causa de la erosión es la alta demanda emocional de esas tareas. Frente a ello, el comportamiento se torna despersonalizado.  Esos trabajadores quemados pierden la empatía y terminan viendo a las personas con las que interactúan como objetos.

En otros rubros donde la tarea no implica un trato cara a cara con otra persona, donde no hay que tratar con enfermos o con clientes enojados, el burnout también se presenta. En esos casos lo que caracteriza a esa segunda fase ya no es la personalización, sino el cinismo. El caso típico es el del trabajador que se ha quitado la camiseta de la empresa.

Actualmente la segunda fase del burnout se identifica con el término cinismo por ser más amplio. En cualquiera de esas manifestaciones, los resultados se resienten y consecuentemente, el trabajador concluye sintiéndose ineficaz.

Si el desgaste emocional origina el síndrome en profesionales de la enfermería y docentes, ¿cuál es la causa en los demás rubros donde el contacto cara a cara con otra persona no es predominante?

Cada vez son más las empresas de primera línea que se suman a programas como Great Place To Work para medir y dar a conocer las mejoras en las condiciones laborales. En el caso de las pymes, la situación suele ser bastante diferente.

Cada vez que inicio un proceso de consultoría en una pyme y le pregunto a su personal “¿para qué trabajas aquí?”, las respuestas que obtengo son del tipo: “No es obvio, para cobrar el sueldo”, “porque es lo que he hecho siempre” o, lo que es más grave “porque aún no conseguí otra cosa”

Esas personas no comparten un propósito que los motive ni expresan orgullo por su trabajo. Esto no significa que sean malos trabajadores, puede que cumplan correctamente con lo que se encomienda, pero es poco probable que su involucramiento vaya más allá.

Lo siguiente que encuentro, desde mi interpretación, explica en buena parte el cinismo, el quitarse la camiseta de la empresa y la emocionalidad negativa hacia su trabajo. Hago mención a ambientes de trabajo ambiguos. Situaciones que admiten más de una mirada, pero donde el trabajador no tiene en claro cuál tomar. Lo que hasta ayer era urgente hoy ya no lo es, aunque la tarea esté inconclusa. Hay conflictos de prioridades, lucha por lo recursos y sobran las quejas. En esos casos es común encontrar que hay múltiples cuellos de botella.

Cuando el trabajo diario se torna en una rutina de estar apagando incendios, sin los protocolos adecuados y sin los recursos necesarios, las personas se queman. En función de ello, ¿te parece descabellado que tomen distancia, que se tornen cínicos y pierdan el compromiso con aquello que los desgasta, que los enferma?

He dicho que tres son las características del trabajador burnout: agotamiento, cinismo y autopercepción de ineficacia. Pero también son tres las del trabajador engaged: vigor, la dedicación y la absorción. 

Cuando analizamos la energía puesta en juego en el trabajo, la evidencia científica muestra que el agotamiento y el vigor son extremos opuestos. De modo análogo sucede con la dedicación que es lo opuesto al cinismo.

Decimos, entonces, que el trabajador comprometido es aquel que entrega su energía de modo persistente, es alguien que le encuentra sentido a su labor y se siente orgulloso. Se focaliza en su tarea y nada le resulta más importante. Siente que el tiempo vuela. 

Si hasta aquí le encuentras sentido a mi relato, tengo buenas noticias para darte. La primera es que la solución es simple. Sin embargo, parafraseando al Dr. Eli Goldratt, autor de La Meta, te debo decir que simple no es sinónimo de fácil.

No es fácil que tu sólo encuentres el supuesto erróneo que te ha llevado una y otra vez a tomar decisiones que le han echado combustible al fuego. Si fuese así, ya lo hubieses hecho y no sería un problema tan generalizado. El secreto está en que la solución es contraintuitiva.

La segunda buena noticia es que la solución no sólo es simple, sino que también es muy potente y, si eres consecuente en tus decisiones diarias, también es duradera.

Ocurre que el síndrome de burnout es la cara opuesta del engagement. Por lo que, al eliminar los factores que causan el burnout estarás sentando las bases para el engagement. ¡Tu accionar estará focalizado sobre el punto de apalancamiento!

Y tengo una tercera buena noticia! Hoy en día contamos con el know how y con herramientas potentes y fáciles de implementar al alcance de las pymes. Me refiero a OTIF100 y FILLRATE100, dos aplicaciones web desarrolladas por Matias Birrell, quien ha sido mi mentor en Theory of Constraints (TOC). Te invito a que las pruebes.

A lo largo de este texto hemos visto que el modo habitual de gestionar el compromiso del personal no es el adecuado. Que el síndrome de burnout se presenta en una multiplicidad de ambientes laborales, y que entre otros factores que trataré en próximas entregas, dos de ellos se presentan recurrentemente en las pymes: la ausencia de un propósito compartido y la ambigüedad. Finalmente, llegamos a comprender que burnout y compromiso son caras opuestas de un fenómeno que se presenta en el trabajo.

A modo de cierre, si el estrés en los procesos perdura,
las organizaciones enferman y eso impacta en los resultados.
Cuando una organización enferma, te enferma a vos y a tus colaboradores, y eso se refleja en la calidad de vida.

Si he sido coherente y consistente en mi exposición, si lo validas, deseo que te liberes del relato de víctima y seas protagonista de los cambios que generan bienestar. La pelota queda en tu cancha…

Estaré encantado de conversar contigo en caso de que quieras profundizar más.

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Hazme saber qué otros temas son de tu interés.

¡Muchas gracias por tu atención!

Te mando un abrazo,

Gustavo

Hay 2 comentarios en esta noticia, nos gustaría recibir el tuyo.
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Sergio:

Estimado Gustavo, buen día, artículo interesante y excelente. Muchas gracias por compartirlo.
Me encantaría tener una conversación por privado.
Saludos cordiales,
Sergio

    Gustavo Bitar:

    Hola Sergio, muchas gracias por tus palabras!
    Me genera mucha satisfacción saber que te ha resultado interesante.
    Te estoy contactando por privado